Tras el éxito de la primera edición del Tour de Francia, el año 1903, los corredores y el público esperaban con pasión la siguiente ronda. Unos por el dinero que representaba participar, y sobretodo ganar, y los otros por ver ganar a los corredores de su ciudad o departamento.

La primera edición había sido más o menos tranquila, pero ya aparecieron los clavos en las rutas por donde habían de pasar los cilclista, y que serían también una desagradable costumbre en 1904 y 1905. Entre trampas y clavos el Tour de 1904 fue tan escandaloso que  incluso el propio Desgrange llegó a decir “es el fin“. Seguir leyendo