Reconozco que me apasiona la historia del Tour de Francia, y que esos primeros años de quimera, de aventura, de riesgo me llaman como lo hacen las sirenas con los capitanes de navío en alta mar. Es una atracción de aquellas difíciles de salir, siempre hay un nuevo detalle, una nueva anécdota que, en color sepia, te ayuda a comprender mejor como era el ambiente y las carreteras por donde circulaban esos primeros “Forzados de la carretera“, como diría Maurice Genin (*).

Y es que, visto desde la perspectiva de más de cien años, la idea de pensar no solo en organizar un Tour que diera la vuelta a Francia, sino de imaginar también alguna de las carrera que se organizaron también en esos años de finales del siglo diecinueve, principios del veinte, es realmente impresionante.

Han pasado ya esos años cercanos a 1850, en que los velocípedos han comenzado a marcar el camino que habrán de seguir después las primeras bicicletas, cuando nace Pierre Giffard. Un hombre de buena familia que tardará aún varios años en interesarse en ellas y entrar apasionadamente en el mundo del periodismo y el ciclismo.  Hasta ese momento a penas se interesará por la transformación del velocípedo en bicicleta, gracias a la invención de los pedales, de la rueda libre y de la cadena, y poco consciente será de la organización de la primera carrera en ruta, el 7 de noviembre  de 1869 entre París y Rouen. Seguir leyendo