Aproximadamente en el kilómetro veinte, o quizás en el treinta,  de este pasado domingo, todavía en el llano y casi recién iniciada la correspondiente salida por carretera con los compañeros del club del Papiol, un compañero, que sabe de mi pasión por los detalles del ciclismo, me preguntó  ” ¿tu sabes cómo son las duchas de Roubaix?. Ni idea le respondí,  qué tienen de especial.  Me miró y me dijo, “busca, busca en internet, que vale la pena“.

Y así lo hice .

La París – Roubaix, el Infierno del Norte, la Reina de las Clásicas, que nombres tan merecidos para una carrera que lo tiene todo. Tiene ese carisma que solo los eventos iniciados hace dos siglos, en 1896 para ser más concretos, pueden tener. Esa dureza que solo los que han pasado por allí pueden realmente valorar y llegar a explicar. Esa épica de los días de barro, agua, viento que acaban dejando marcas casi indelebles en los corredores, del primero al último. Y tiene también esas duchas, ese volver al pasado, entrañable, nostálgico y siempre bienvenido.

Las duchas de Roubaix

Foto: l’Equipe.fr

En el pasado no muy lejano debía de ser impensable no asearse en ellas, contrariamente a lo que sucede hoy con los grandes equipos y sus lujosos autobuses hiper equipados de la más moderna tecnología.  Pero pienso yo, a pesar de las incomodidades, en mayor o menor grado que puedan tener estas duchas, a pesar del cansancio y agotamiento de todos los participantes, ¿no es este momento, el de la ducha quiero decir, un detalle más de la grandeza del evento?. Un espacio en el que compartir todo lo que has pasado hace tan solo unos minutos con tus compañeros de profesión, antes rivales.

El vestuario del velódromo de Roubaix debe de ser, como pasa a menudo con las cosas que tienen más importancia, un espacio de culto, de recuerdos y de esa historia que puede palparse en el ambiente. Sin necesidad de ser fetichista, cuál debe de ser la emoción de compartir esos pequeños dos metros cuadrados por los que pasaron Hinault, Voeckler, Boomen, Cancellara, Coppi, Madiot, etc, etc.

las duchas de Roubaix

Sabéis, al ver las imágenes me han venido a la memoria los vestuarios del antiguo estadio olímpico de Barcelona. En esos largos años en que estuvo en desuso y únicamente se celebraban partidos de fútbol entre amigos,  podías correr en la pista de atletismo de tierra o ceniza prensada y las gradas estaban totalmente abandonadas, los vestuarios seguían activos. Viejos, viejísimos, pero un encanto que seguro que los de ahora no tienen, aunque en ellos haya jacuzzi.

Os dejo, para acabar este nostálgico post,  un vídeo con el que os podréis hacer una mejor idea de lo que son las duchas de Roubaix.

Un abrazo ciclista.

Xavier Obis

Psicólogo, community manager, ciclista aficionado…

¡Me apasiona el ciclismo, la lectura, porqué no unirlo todo!

pd: Dedicado a mi amigo Pep Palà, que me ha dado la posibilidad de conocer las duchas de Roubaix.

 

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