Anquetil le mal-aimé

Tenía curiosidad en conocer más profundamente la figura de Jacques Anquetil y he leído un interesante libro de Ives Jean, titulado Anquetil le mal-aimé y publicado por la editorial Arthaud.

El título, que traducido al castellano podría ser “Anquetil el odiado”, es muy explícito y claro. Y antes de empezar a leerlo, al documentarme un poco sobre Anquetil me preguntaba cómo un ciclista con cinco Tour de Francia, dos Giro de Italia, una Vuelta a España, nueve Grandes Premios de las Naciones, la gesta del Dauphiné libéré / Bordeaux-Paris sin caso descanso, un récord de la hora, podía no tan solo no ser querido sino incluso odiado en su propio país, Francia, un país que tiende a poner en un altar a los suyos.

El personaje. Jacques Anquetil.

Realmente Jacques Anquetil es un hombre peculiar, como deportista un fuera de serie como lo demuestra su trayectoria, y como persona por su forma de ver el ciclismo, más como un trabajo que como un deporte asociado a la épica, el dolor, la entrega, etc.

Por ejemplo, decía él “si tuviera que vivir como Louison Bobet (en relación al sacrifico de este con el ciclismo) no hubiera sido jamás ciclista” o “Cuando yo pierdo una carrera no convierto esto en un drama, como Bobet”.

Un deportista atípico, amante del buen comer y del champagne.

En 1953, con diecinueve años gana el primero de sus nueve Gran Premio de las Naciones, en 1956 supera el récord de la hora de Fausto Coppi, y 1957 gana su primer Tour con veintitrés años y en 1961 gana el segundo e inicia un récord de cuatro Tour seguidos, hasta 1964.

Jacques Anquetil

Un verdadero especialista en las contrarreloj, lo que le valió el apodo de Monsieur Crono, en las que sacaba un rédito suficiente como para afrontar el resto de etapas con suficiente tranquilidad.

Porqué fue odiado Jacques Anquetil

Lanzo algunas posibles explicaciones del porqué un ciclista con este palmarés recibió tantos insultos y muestras de desprecio, principalmente en su país, mientras era más valorado fuera de él, por ejemplo en Italia cuando corria el Giro.

Primera, los aficionados franceses habían tenido en los años anteriores a Anquetil corredores queridos y respetados por su carácter como Coppi o como Kübler o Klobet por su estilo combativo, o como Louison Bobet. Este último, al estilo de Poulidor, era querido, respetado y se le perdonaba todo, por su carisma, su simpatía.

Segunda, al llegar Anquetil, con su dominio absoluto, que poco margen dejaba a los otros y le permitía administrar las ventajas conseguidas en las contrarrelojes, las diferentes ediciones del Tour se convirtieron en predecibles. Sin posibilidades de cambio en el liderato y sin ataques por parte de Anquetil, este que se bastaba con controlar el tempo de la prueba. Eso encrespaba a los aficionados.

Tercera. Como bien es sabido, las ediciones del Tour de aquellos tiempos se corrían en el formato de selección nacional. Coincidieron en ese tiempo muy buenos corredores, contemporáneos de Anquetil, Bobet, Riviere, Darrigade, Geminiani, Stablinski, Anglade, Saint, Poulidor. Todos ellos con mayores o menores opciones de ganar el Tour y que no aceptaban ser gregarios. Todo esto era un auténtico calvario para el seleccionador Marcel Bidot y fuente de problemas antes y durante la prueba, causando luchas internas.

Anquetil Y Geminiani

Anquetil Y Geminiani

Por ejemplo en la edición de 1958, tras haber ganado el Tour del año anterior en el que no lo participó Bobet, ¿quién iba a ser el líder? Anquetil lo tenía claro, “Si no lo soy y puedo elegir a mi equipo, estoy dispuesto a alinearme en un equipo regional

Cuarta, su falta de interés en participar en las clásicas. Su participación en la Paris-Roubaix de 1958 en la que no ganó por problemas con los pinchazos le hizo decir que las carreras en línea eran como la lotería y que no volvería más. Esto tampoco gustó a los aficionados, acostumbrados a que los “auténticos” ganadores participaran en todo tipo de prueba.

Reflexiones

Ni los cuatro Tour seguidos bastaron para que fuera un corredor querido. Mientras Poulidor era aplaudido, aún quedando segundo, y era preferido en los criteriums post Tour, Anquetil era silbado en el Parque de los Príncipes e insultado en los largos puertos de los Pirineos o los Alpes.

Seguramente Anquetil solo fue querido y valorado en dos momentos, uno al ganar su primer Tour en el 57 y el otro en la gesta de 1965 en que ganó la Dauphiné Libéré y sin casi descanso la Bordaux-Paris. Él decía que no le importaba, que era su trabajo, pero se le vio llorando de impotencia en alguna ocasión.

¿Mal asesorado?, ¿pretencioso?, no lo sé. En cierta medida me recuerda a otros tantos casos de deportistas fuera de serie que pudiéndolo tener todo al final acaban siendo recordados como grandes pero sin más.

El Tour de 1961 lo ganó siendo líder en todas, todas las etapas. De la primera a la última. Lo que tenía que ser un punto positivo para Anquetil fue visto como un acto de menosprecio a los rivales. En ese Tour el dominio fue tal que la orden de Marcel Bidot fue la de bloquear la carrera y controlarla, anulando cualquier escapada peligrosa. “Nos van a insultar”, profetizó Anquetil. Llegó la alta montaña, los Pirineos, control total en la cabeza de carrera, “nunca Aubisque y Tourmalet habían sufrido tal afrenta” dice el diario Miroir du cyclisme. Al llegar a la zona conocida como el Circo de Litor, en los útimos kilómetros del Aubisque, lo nunca visto, silbidos y abucheos .

Anquetil fue recibido en París con una mezcla de silbidos y aplausos y un comentario de Roger Bastide que decía ” Anquetil ha transformado el ciclismo de competición en una ciencia exacta, pero su victoria ha tenido la frialdad de la perfección

Me ha venido a la cabeza el Sky . A vosotros, no?

Xavier Obis

Psicólogo, community manager, ciclista aficionado…

¡Me apasiona el ciclismo, la lectura, porqué no unirlo todo!

Colaborador en www.lescosesbones.com

 

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